P E T E R P A Nsábado, 1 de septiembre de 2007
La verda es que esto si me sirviò mucho

James Matthew Barrie, nació en Kirriemuir, Escocia, el 9 de mayo de 1860, siendo sus padres David Barrie y Margaret Ogilvy.A los cinco años un hecho traumático viene a marcar su vida para siempre condicionándola a una carencia que le acompañaría hasta el final de sus días: su hermano David, cercano a los 14 años, fallece en un terrible accidente, y la madre, Margaret, queda tan tocada por la pérdida que se recluye durante meses en su dormitorio, sin querer ver a nadie, y menos que a ninguno, a su hijo pequeño James.Barrie creció, pues, a la sombra de un hermano mitificado por una madre que antepuso su recuerdo al del hijo vivo a quien pareció incluso coger aversión simplemente porque estaba vivo, “y crecería”, cosa que David ya no podía hacer.Pero James no creció en muchos aspectos, nunca superó el metro cincuenta de estatura y prefería más frecuentar el trato de la chiquillería que el mundo de los adultos.Empezó a escribir en la infancia, no relatos de imaginación, sino tomando sus propias vivencias como tema, y en 1883, Barrie entra en el diario de Nottingham.Iniciándose profesionalmente en las letras, no tarda en empezar a escribir novelas como, por ejemplo, El admirable Crichton, y en 1896, abre su corazón con Margaret Ogilvy, libro biográfico dedicado a su madre, al año de haber fallecido ésta.En 1897 es ya escritor renombrado en Inglaterra y también en Norteamérica, y contrae matrimonio con una actriz, Mary Ansell. Extraño matrimonio, que, según dicen, no se llegó a consumar por impotencia, concluyendo en divorcio años después.
El escritor vivía cerca de los Jardines de Kensington y gustaba de dar largos paseos por el parque ya que le distraían los juegos infantiles, observados con indudable nostalgia, y por esta razón llegaba incluso a entablar conversaciones con los niños que le aceptaron siempre como uno más ya que el pequeño caballero les complacía relatando cuentos muy interesantes.Su buena disposición para con el mundo infantil, le granjeó muchas amistades, una de ellas, significativa por lo que representa en literatura, fue la que estableció con la niñita de 4 años Margaret, una criatura angelical que llamaba a Barrie mi “friendy” puesto que le era difícil pronuncias correctamente “friendly” y habitualmente sonaba como “fwendy” o “wendy”; esta muchachita falleció a los seis años.En la vida de James Barrie, la muerte de sus seres amados parece una constante, su hermano, su madre, la pequeña Margaret, el matrimonio Lewellyn Davies, y más adelante, ya casi en su vejez, serán los tres jóvenes hijos de ese matrimonio, con cuya familia le unieron lazos de profundo afecto, George muerto en la Gran Guerra, Michael ahogado junto con un amigo -se presume que fue suicidio ya que ambos eran homosexuales-, y Peter, al que se le conoció siempre como “Peter Pan”, quien halló la muerte lanzándose al paso del tren en Sloane Square.El universo fantástico que constituye, por paradójico que resulte, el único mundo real de los escritores, se halla en el caso de Barrie –como en el de Lewis Carroll con Alicia Liddell, por cierto, que el cuento de Alicia se público en los cruciales cinco años de James Barrie-, lleno de curiosas anécdotas que sólo pueden tener normalidad en la mente de un novelista o ser aprovechadas por él para utilizarlas en sus obras.
Barrie conoció a los niños Lewellyn Davies en los jardines de Kensington, residencia de su Peter Pan no por casualidad, y posteriormente a sus padres, un adinerado y bondadoso matrimonio, algo excéntrico, que “adoptó” al escritor como un hijo más, convirtiéndose la madre de familia, una mujer joven todavía, en el gran amor platónico de James; de ella dijo éste “que era la criatura más hermosa que había visto jamás”.De tal suerte, el escritor se construyó una familia ideal con “padres” que le querían y “hermanos”·que le adoraban. Ahora bien, que nadie piense mal; por anómalo que todo pueda parecer, nunca hubo más de lo que aparentaba ser en realidad.Al fallecimiento de los padres, James se hizo cargo de los chicos, prohijándolos y ocupándose de ellos para siempre y, saliendo al paso de presuntos comentarios maliciosos, agregaremos que, según el biógrafo de James Barrie, Andrew Birkin, el escritor no era ni homosexual ni pedófilo, confidencia que recogió de otro hermano Lewellyn Davies. Peter Pan nació primero como cuento en versión oral y su autor estuvo escribiendo muchas versiones del mismo hasta su propio fallecimiento, pero si hemos de darle una fecha de partida, diremos que fue en 1903 cuando comenzó a ser más ampliamente conocido. En 1904 se transforma en obra de teatro –Barrie no confiaba en ella, pero su éxito fulminante le demostró lo contrario-, y en 1911 se convierte en cuento, siendo donados, todos los derechos de la publicación, al Hospital Infantil de Londres.Después de esto, el resto es historia ya sabida; Peter Pan se ha convertido en un clásico: el niño que nunca quiso crecer, el mismo James, Wendy, dulce fantasma de la niña Margaret y madre a su vez en miniatura, la madre tierna y amorosa que hubiera deseado tener el escritor, los niños perdidos, cuya verdadera naturaleza se encierra en otra acepción narrada a los chiquillos Lewellyn Davies y sintetizada por George con esta frase luego aprovechada por Barrie al ponerla en boca de Peter Pan: “morir debe ser una gran aventura”, ya que los niños perdidos, sólo a su muerte, eran transportados al País de Nunca Jamás por Peter Pan.Pocos años antes de su deceso, James Barrie, convertido en sir por el rey, era un hombre amargado que no sonreía muy a menudo, y que contrajo un calambre en su brazo derecho que llegó incluso a inutilizárselo, singular paralelismo con el del Capitán Garfio, ya que un cocodrilo se lo comió forzándole a llevar uno postizo rematado con el famoso garfio al que debía su nombre.Famoso, honrado por todos –en el año 1937, la entonces princesita Margaret, le pidió como regalo de cumpleaños, un cuento escrito para ella, pero a él le sorprendió antes la muerte-, sir James Barrie ha pasado a la historia de la literatura infantil como uno de sus autores más afortunados y de cuyo cuento se han realizado varias versiones llevadas al cine -una existe, muda, que es una auténtica maravilla-, Disney y Spielberg, mucho después, también han rendido su homenaje al niño que no quiso crecer, es decir, al propio Barrie cuya frase más representativa es esta.-
Los adultos
El gran problema de este mundo… ni siquiera saben soñar… ¡bacalaos,bacalaos,bacalaos,bacalaosbacalaos,bacalaos,bacalaosbacalaos,bacalaos,
bacalaosbacalaos,bacalaos,bacalaos,bacalaos,BA-CA-LA-OS!
EL REGRESO A NUNCA JAMÁS
Peter Pan siguió hablando y lo que parecía más increíble estaba sucediendo. Todo el mundo en el estudio empezó a recordar las fantasías de su niñez y que en ellas hubo en muchas ocasiones espacio para ese niño que no quería crecer. De todo el país se recibieron llamadas telefónicas de adultos enternecidos por ese bello cuento y muchos aseguraron que habían viajado en una ocasión a Nunca Jamás gracias a Peter Pan.Aunque los recuerdos de la niñez estaban quizá lejos, la llegada de Peter a la televisión les sacudió en sus más antiguos pensamientos y pronto el estudio se llenó de lágrimas de adulto. Recordaron sus años infantiles, al Capitán Garfio, a Campanilla y a la feliz familia Darling que viajó con Peter Pan por los aires de Londres gracias al polvo de hada y a un bello pensamiento. La gente salió a las librerías a comprar cuánto hubiera publicado sobre tan bella historia y aunque no creían que ese inteligente muchacho fuera realmente quien decía que era, la historia de Peter Pan volvió a la mente de todos, especialmente de los niños.
Y en ese momento, cuando el estudio de televisión era preso de un alboroto total, Peter Pan comenzó a volar de nuevo, gracias a que la gente volvía a creer en él. Ante la mirada atónita de todos, se elevó por los aires y sin darles tiempo a reaccionar salió por la ventana y emprendió veloz y feliz el regreso a Nunca jamás. Abajo, en la Tierra, miles de personas lloraban de alegría y se prometían que jamás dejarían de soñar.
Y en ese momento, cuando el estudio de televisión era preso de un alboroto total, Peter Pan comenzó a volar de nuevo, gracias a que la gente volvía a creer en él. Ante la mirada atónita de todos, se elevó por los aires y sin darles tiempo a reaccionar salió por la ventana y emprendió veloz y feliz el regreso a Nunca jamás. Abajo, en la Tierra, miles de personas lloraban de alegría y se prometían que jamás dejarían de soñar.
LA TELEVISIÓN
allí estaba de nuevo Peter Pan, meditabundo, desalentado y sin saber qué hacer, cuando un periodista se fijó en él y enseguida puso un interés especial en saber cuál era la verdadera historia de ese niño que tenía respuestas increíbles para todo lo que le preguntaban. Peter le contó toda su historia y la necesidad imperiosa que tenía para que la gente creyera de nuevo en él. Si no lo lograba debería abandonar Nunca Jamás, volver a la Tierra y crecer como un niño más, desapareciendo así el país de Nunca Jamás con todos sus habitantes. Algo debió ver en él este periodista, ya que habló con la policía y les convenció de que la mejor manera de saber todo sobre el niño era llevarle ante las cámaras de la televisión para que alguien le pudiera reconocer. Rápidamente Peter fue presentado en un programa para niños marginales, con problemas, con un éxito tal que pronto tuvo a todo el país interesado en ese peculiar y maravilloso niño. El locutor, una vez que le presentó, continuó así su entrevista: -¿En verdad te llamas Peter Pan y vienes de un lugar llamado Nunca Jamás?. -Sí y es el sitio más maravilloso del mundo, en donde los niños nunca crecen y solamente juegan, comen lo que quieren y no tienen que obedecer a los adultos. -¿No vais al colegio? -Allí no hay colegio. ¿Para qué queremos estudiar? -Bueno, sino estudiáis ahora cuando seáis mayores no podréis trabajar en ningún sitio y pasaréis hambre. -Es que en Nunca Jamás no se crece nunca y el único trabajo que hacemos en divertirnos. -¿Y como conseguís comida todos los días? -Pues nos sentamos a la mesa y cada uno se imagina lo que quiere comer y enseguida aparece un enorme plato delante de él. Es muy divertido porque cada uno pone la comida del color que quiere y la adorna de muchas maneras. A mí, por ejemplo, me gusta mucho los pasteles de crema de color rojo y con mucha salsa de lagartija. -¿Pero no os duele la tripa con esas comidas tan raras? -A veces, pero entonces las hadas nos curan contándonos cuentos y cantándonos bonitas canciones. -¿Pero toda la vida la pasáis así? -Es estupenda, ¿verdad? -¿No te gusta cómo viven los niños aquí en la Tierra? -Me gusta cuando juegan con sus papás, cuando sus mamás les acarician o cuando van al campo. Pero también he visto muchos niños tristes que ni siquiera tienen bonitos sueños. -¿Los sueños son importantes en los niños? -Son lo más importante. Cuando un niño sueña vive en el mundo que desea y es totalmente feliz en ese momento. Si sueña por la noche se levantará feliz por haber vivido alguna aventura maravillosa. -Pero al despertarse todo sigue igual y quizá le cause aún más pena. -Los mayores también buscáis olvidaros de vuestra aburrida vida continuamente. Veis películas que no son reales y durante ese tiempo os olvidáis del mundo de fuera pues habéis sido felices viviendo una aventura imaginaria. Otros se olvidan de sus problemas acudiendo al fútbol, al baile o paseando por el bosque. Si no lo hicierais así y os alejaseis durante algún tiempo de la vida real, estaríais siempre tristes. -¿Crees que soñar es la mejor manera de ser feliz? -Los niños que vienen todas las noches al País de Nunca Jamás conmigo son muy felices y cuando regresan no saben si ha sido un sueño o realidad, pero han vivido unas horas totalmente llenas de alegría, sin dolor y preocupaciones. -¿No crees que es mejor vivir la realidad, aunque no sea bonita? -Es que así la gente puede estar siempre triste. No hay nada de malo imaginarse de vez en cuando el mundo que nos gustaría vivir, la comida que nos agradaría comer o los amigos que quisiéramos tener. Eso hace que durante el tiempo que pasemos soñando o imaginando seamos felices. No hay razón para estar todo el día renegando de la vida tan aburrida que tenemos. -Pero al no tener fantasías quizá luchemos más por mejorar nuestra vida aburrida. -Es que los sueños no duran todo el día. Hay tiempo para todo, para trabajar, estudiar, comer y divertirse. La imaginación hace que las personas y especialmente los niños, logren en su interior vivir como realmente les gustaría y eso les hace mejores y más sanos. Un niño que sea un soñador será un niño sensible, tranquilo y con deseos de lograr que su mundo real se aproxime al soñado. -¿Y tú puedes ayudar a todos los niños a crecer más felices? -Yo he sido durante muchos años el personaje más querido por los niños y miles de ellos han disfrutado mucho conmigo en Nunca Jamás por las noches. Sus sueños han sido maravillosos y a la mañana siguiente acudían contentos al colegio porque habían vivido esa noche una aventura increíble. Si yo y mi estrella desaparecemos, acabará para siempre el más bello sueño.
EL RETORNO
De nuevo, pues, surcaron los cielos y llegaron a casa de Miguel justo cuando su madre entraba en la habitación para despertarle. -¿Ya estás levantado? Bueno, baja a desayunar que se nos hace tarde. Esta vez el desayuno desapareció con bastante más rapidez en la boca de Miguel que lo habitual y pronto estaban ya de camino al colegio, siendo seguidos a corta distancia por Peter Pan. Se despidieron madre e hijo y al poco tiempo se encontraban ya ambos niños en la clase, sentados en el mismo pupitre. La idea de ambos era presentarle como un amigo que había venido desde fuera a pasar unos días a su ciudad. Aunque algunos compañeros de Miguel miraban a Peter con interés, ninguno le reconoció ni se extrañó de su vestimenta, salvo uno que le confundió con Robin Hood. Esto molestó sobremanera a Peter, el cual se levantó para marcharse de allí si no hubiera llegado la profesora en ese mismo momento. -¿Tú eres nuevo aquí, verdad? -Sí, señorita -dijo Miguel- es mi amigo Peter Pan. -Estupendo, no alborotéis mucho. Estaba claro que la profesora no había oído hablar nunca de Peter Pan, lo que provocó nuevas iras en el muchacho, el cual interrumpió la clase sin cesar haciendo toda clase de preguntas, algunas tan increíbles que motivaron la risa de todos sus compañeros. Aún así, nadie parecía reconocerle y pronto el alboroto fue tal que Peter fue expulsado de la clase y tuvo que salir al pasillo Llegó el recreo y como su popularidad iba en aumento, muchos niños llegaron hasta él y le hicieron mil preguntas, pidiéndole que si en verdad era ese personaje llamado Peter Pan, poseedor del don de volar, hiciera una demostración ante ellos. Para desgracia de Peter, ni siquiera el polvo de hada le sirvió de nada y todos los intentos que hizo para volar fueron inútiles, acabando una y otra vez en el suelo. La causa era bien sencilla: si nadie creía en él sus poderes tampoco existían. Magullado por las caídas y sumamente triste, Peter se incorporó a la clase de nuevo, ahora en absoluto silencio esperando pacientemente a que finalizara. Después, ambos amigos se fueron a casa de Miguel y allí las cosas no mejoraron. La madre dijo que ese niño debía regresar a casa de sus padres porque le estarían esperando y a pesar de las protestas de Miguel, Peter se encontró enseguida en la calle, solo, sentado en la acera sin saber qué hacer. Si volvía a Nunca Jamás el final de su bello sueño llegaría pronto y si se quedaba aquí sin conseguir su propósito de ser popular, ni siquiera tenía casa donde vivir. En ese momento pasó por su lado un coche de policía, cuyos agentes se quedaron extrañados de ver a un niño solo, llorando y vistiendo tan extrañas ropas. Se bajaron del coche y le preguntaron si le pasaba algo. Una luz brilló en la cara de Peter, el cual se dio cuenta que esa era su gran oportunidad. Les explicó quién era y lo que pretendía, pero por toda respuesta le metieron en el coche patrulla y le llevaron a la comisaría. Allí le hicieron mil preguntas sobre cuál era su verdadero nombre, quiénes eran sus padres, donde vivía, pero ante las respuestas tan extraordinarias que oían optaron por indagar por otros medios.
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